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James Brown: El Señor Dinamita

Lo han llamado "el padrino del soul", "el hombre más trabajador del espectáculo", "el hermano soul Nº1", pero el apodo que mejor describe tanto su música como su a veces problemático y explosivo carácter es...

La herencia del padrino
Una buena forma de determinar la influencia de James Brown es suponer que nunca existió. Sin él, difícilmente puede haber habido música funk, música disco, música hip hop. Funkadelic, Parliament, Stevie Wonder, Michael Jackson, Prince e incluso grupos chilenos como Los Tetas, Chancho en Piedra y Tiro de Gracia, entre una larga lista, han tenido la figura y la música de Brown como fuente de inspiración.
Entre fines de los '50 y principios de los '60, Brown introdujo en la música afroamericana un quiebre estético que resuena hasta la actualidad. Después de probar suerte como cantante de gospel y de rhythm and blues, dio con un sonido novedoso que gradualmente pasó de mezclar la intensidad emocional del gospel con la picardía mundana del blues, dando así paso al soul (en esto comparte responsabilidad con Ray Charles) y luego, intensificando aún más el componente rítmico de su música, al funk. La música juvenil de los años previos a la irrupción de los Beatles había impuesto una estructura más blanca, ordenada, melódica y menos amenazante al rock and roll. James Brown consiguió devolverle su carácter tribal.

Brown sabe y sigue sabiendo cómo mantener la atención del público. Tuvo un papel central en elevar el concierto de rock a nivel de rito. Su función sobre el escenario no es sólo la de cantante, sino la de un entretenedor total. Cada uno a su manera, Michael Jackson y Prince han aplicado la misma idea en sus shows. Las acrobacias de Brown son un claro antecedente de las de Jackson.

En 1969, su banda lo abandonó, cansada de su despotismo. Para él no fue problema contactar a músicos de una nueva generación junto a los cuales intensificaría aún más la crudeza corporal de su música. Sus brazos derechos en esta etapa fueron los hermanos Catfish y Bootsy Collins. El sonido de Brown lanzó un tipo de funk más ácido, de formas cada vez más libres, ligado a la música de bandas como Sly and the Family Stone, Parliament y Funkadelic. En las dos últimas bandas, ambas lideradas por George Clinton, Bootsy Collins fue luego un miembro habitual.

La década de los '70 lo vio convertido en blanco de críticas, con ventas en declive y en un rol artístico secundario. Pero el nacimiento del hip hop volvió a poner su música de relieve. Sus discos fueron los más populares entre los dejotas padres de este género. Su canción Get on the Good Foot se contaba entre las favoritas de Kool Herc, el DJ jamaicano con residencia en el Bronx neoyorquino a quien se le atribuye el alumbramiento del hip hop.

Aunque durante el resto de los '80 y en los '90 James Brown no ha sido responsable por sí solo de algún nuevo quiebre estilístico, su figura sigue siendo relevante para grupos como los Red Hot Chili Peppers y para las bandas latinoamericanas que en la segunda mitad de la década han puesto al funk nuevamente en el tapete. A sus 63 años, Brown sigue siendo un referente válido para las generaciones actuales, como lo prueba su inclusión en la apertura de la reciente conmemoración de los 30 años del festival de Woodstock.

La discoteca soul
James Brown ya había situado el tema Try Me (1959) en el primer lugar del ranking de música negra de la revista Billboard cuando tuvo la ocurrencia de organizar y financiar un concierto a la medida de sus intereses. Contra todas las previsiones de su sello de entonces, ese registro en vivo editado un año más tarde con el nombre de Live at the Apollo (1963) se convirtió en un fenómeno de ventas y en un patrón a seguir en las sucesivas publicaciones del músico.
Aunque, según confesó después, la idea se la robó a Ray Charles -particularmente al concierto del álbum In Person-, en lo sucesivo se institucionalizó como un cantante de discos en directo que hasta era capaz de hacer trampas en sus registros de estudio al incorporar público y ruido ambiente a algunas de sus producciones.

No debe extrañar entonces que una parte fundamental de su extenso catálogo de 90 títulos esté construido por este tipo de grabaciones que el músico ha recopilado por diversos escenarios. Otro tanto lo aportan las múltiples recopilaciones que han recrudecido en las últimas dos décadas.

De éstas últimas se destaca 20 All-Time Greatest Hits! (1991), una de las más recomendables y vendidas de su discografía, y la colección Star Time (1991), una caja de cuatro discos que muestran una amplitud musical que comienza en el soul de Please, Please, Please (1959), sigue con el inventario del funky patentado a partir de Papás Got a Brand New Bag (1965) y remata en su colaboración de 1984 con el padrino del hip hop, Afrika Bambaataa.

En su catálogo también se encuentran facetas más extravagante y desconocidas, como colaboraciones para bandas sonoras, flirteos con el jazz, aisladas expresiones políticas y raciales propias de la era del black power y una interesante discografía instrumental de once títulos donde se revela como solista de piano, órgano y batería.



La vida de James Brown resume como pocas las contradicciones propias de las estrellas de rock. Caídas y repuntes, debilidad y fuerza de voluntad, se han presentado en forma intermitente a lo largo de sus 66 años.

Las condiciones en que vino al mundo el 3 de mayo de 1933 fueron las de una pobreza extrema en un prostíbulo de la ciudad de Augusta, en el estado de Georgia, Estados Unidos. En el colegio, sólo llegó a lo que en Chile sería séptimo básico. Después de abandonar sus estudios, se dedicó a bailar y cantar en las calles para ayudar a su familia.

A fines de los '40, siendo aún adolescente, estuvo a punto de ir a prisión por un asalto a mano armada. Gracias a los contactos de la familia de un cantante de gospel amigo suyo, Bobby Byrd, se le otorgó la libertad condicional. Brown se aferró a la música para encausar su vida. Junto a Byrd, formó un grupo gospel que a mediados de los '50 se llamaba The Flames. Junto con ese nombre, el conjunto adoptó una línea musical que, sobre el carácter religioso del gospel, privilegió la atmósfera más mundana del rhythm and blues.

En 1956, la intensa balada Please, Please, Please fue su primer éxito. El grupo se llamaba por entonces James Brown and the Famous Flames. "Ustedes son los únicos que conozco que se calificaron como famosos antes de serlo", le dijo una vez el rockanrolero Little Richard a Brown. Y Richard tenía razón, porque aparte de Please Please Please, el cantante y su grupo no consiguieron nada hasta 1958, cuando la canción Try Me llegó al número 1 de las listas de música negra en el mercado estadounidense. La perseverancia de Brown, decidido a no dejar pasar ninguna oportunidad de tocar en vivo, a perfeccionar su banda y a mantenerse atento a nuevas tendencias, había dado frutos, salvándolo de paso de ser despedido del sello King.

En los '60, alcanzó su mayor grado de popularidad y desarrollo artístico. En 1964 volvió al primer lugar del ranking rhythm and blues con Out of Sight, una canción que reúne las características que después serían resumidas por el término funk. Al año siguiente, Papás Got a Brand New Bag y I Got You (I Feel Good) intensificaron su poderosa combinación rítmica y terminaron por introducirlo a la audiencia blanca.


EL PACIFICADOR
Su creciente popularidad lo convirtió, en esos años de intensos conflictos raciales en Estados Unidos, en un vocero de la comunidad afroamericana. En esa calidad fue recibido por varios políticos, incluyendo al vicepresidente de la administración de Lyndon Johnson, Hubert Humphrey. Brown mismo se precia de haber calmado los ánimos de la población negra de su país tras el asesinato de Martin Luther King, ocurrido el 4 de abril de 1968.
La verdad es que el único documento que prueba alguna actuación suya en ese sentido, la copia pirata de la televisación de un concierto en Boston al día siguiente de la muerte de King, lo muestra en un rol más humilde. Frente a un público que incluía a seguidores auténticos, autoridades locales y un nutrido contingente policial, Brown dio un concierto energéticamente desbordante, que sólo al final derivó en tensión.

Algunos espectadores, estimulados por la música, subieron al escenario. Los policías los siguieron y cuando se disponían a entrar en acción, Brown los detuvo. "‚Un momento!", gritó. "‚Un momento! Deténganse. Esa no es la forma de tratar a la gente. Paren. Déjenme hablarle a mi gente". Y dirigiéndose a la audiencia en general y a los que ocupaban el escenario particular, dijo: "Escuchen. ¿No somos todos negros? Ustedes están arruinando todo. Me hacen avergonzarme de mi color, avergonzarme de ser negro. Si no puedo conseguir que respeten a mi gente, entonces no sé qué viene después. Esto no puede ser". Los que habían subido escucharon atentos, estrecharon la mano de Brown y volvieron a unirse con el público.

A fines de los '60, Brown enriqueció la temática sexual de sus canciones con algunos slogans de carácter social, notoriamente el de Say It Loud, Ím Black and Ím Proud ("Dilo Fuerte, Soy Negro y a Mucha Honra"). En los años '70 y '80, mantuvo una notoriedad básicamente ceñida al ámbito musical, ya fuera porque se le declaraba artísticamente muerto o porque una nueva generación lo descubría y actualizaba como influencia. Su gran regreso de 1986, con el álbum Living in America, fue eclipsado dos años más tarde por una combinación de incidentes legales y policiales.


EL PADRINO TRAS LAS REJAS
En 1988, su tercera esposa, Adrienne, lo acusó de golpearla. Paralelamente, la IRS (oficina federal equivalente al Servicio de Impuestos Internos chileno) lo buscaba por fraudes tributarios en su millonario imperio económico. Brown eludió a la policía por un par de meses. Al toparse con ella de frente, huyó de manera espectacular, convertido en la presa de una cacería interestatal.
La persecución empezó en las calles de Augusta, su ciudad natal. De paso por su oficina, Brown irrumpió blandiendo un arma en cada mano en un seminario que se realizaba en el mismo edificio. Ante los pasmados asistentes, reclamó que alguien había entrado en su despacho. Los policías, informados del hecho, lo esperaban a la salida. Al verlos, el cantante subió a su auto y se dió velozmente a la fuga. Sólo pudieron apresarlo después de cruzar el límite entre los estados de Georgia y Carolina del Sur.

Por la persecución y la amenaza a civiles, se le otorgó la libertad bajo fianza, pero al día siguiente fue condenado a seis años de cárcel por conducir bajo la influencia del PCP (fenciclidina, compuesto fabricado en los '50 como anestésico, ilegal desde 1965 por sus efectos secundarios, entre los que destacan comportamientos violentos e irracionales). Durante su encierro en la cárcel de la ciudad de Columbia, en Carolina del Sur, se hizo conocido entre los reclusos como "Music Box" (caja de música). A los dos años fue dejado en libertad bajo palabra.

Los problemas con su esposa quedaron zanjados en 1996, cuando ella murió durante una cirugía plástica. Sobre sus asuntos tributarios, se quejó en una entrevista concedida el año pasado en Estados Unidos de que se le exigiera conocer los procedimientos correctos en esa materia. "No pude ir a un buen colegio, no pude hacer nada", reclamó. "Cuando un país toma a un niño de séptimo básico que no sabe nada de impuestos... Deberían tomarme en sus brazos y mecerme como a un bebé y decirme 'James, así es como hay que hacerlo, si no, nosotros lo hacemos por tí. Pero creo que nuestro gobierno ahora se da cuenta de la deslealtad que sufrí. No creo que América tolere que se aprovechen de un hombre con el historial de cosas que he hecho para el bienestar de la humanidad".

"Soy el mismo que dijo 'Dilo fuerte, soy negro y a mucha honrá", continuó. "El mismo hombre que aconsejaba a los chicos que no abandonaran el colegio. Soy el que detuvo los incidentes de violencia racial después del asesinato de Martin Luther King. Soy el hombre que contribuye en seis diferentes universidades para jóvenes desfavorecidos".

Los médicos detectaron en Brown una adicción a los calmantes. Su manager confirmó el diagnóstico, explicando que su cliente había empezado a tomarlos después de una lesión causada por una de sus acrobacias en el escenario. Brown fue condenado a pasar tres meses en una clínica de rehabilitación a partir de agosto del año pasado.

Brown es un hombre decidido y capaz de aplicar un control férreo sobre sí mismo y los otros para lograr lo que quiere. En su banda, el que llega sin los zapatos lustrados debe pagar una multa. Lo mismo el que no sigue alguna mínima instrucción suya. Su validez actual, aunque él ya no tenga la misma frescura ni la energía de antes, sólo puede atribuirse a una voluntad que, por sobre el descalabro, lo determina en los momentos críticos.

 

extracto de una publicacion del diario la tercera del año 1997, realizada por Sergio Fortuño L.

 

 

 

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